El clásico de los clásicos

El inicio del siglo XX dio luz a muchos ilustradores referentes en la época y que todavía hoy pueden ser una gran fuente de inspiración.

Especialmente en Países Anglosajones, se estableció una línea de trabajo muy marcada que podría considerarse a medio camino entre el Modernismo y un estilo más Barroco. Arthur Rackham es un claro ejemplo de este estilo.

Las ilustraciones del inglés se caracterizan por el uso de la línea de contorno, en la que muestra delicadeza. La emplea para definir multitud de detalles y crear espacios oníricos en los que la importancia de su dibujo es muy evidente.

Combinado con la línea, está el empleo de la acuarela para dar color. La paleta del autor es reducida y poco saturada y pasa de tonos terrosos a azules.

Referente a su temática, tanto la del inglés como la de muchos de estos autores de principios de siglo se centra en la fantasía, y viene dada por la adaptación de cuentos clásicos tales como La Sirenita o Alicia en el País de las Maravillas. De hecho, la adaptación del cuento de Lewis Carroll por parte del autor inglés es una de las más conocidas y aclamadas por parte del público lector.

Personalmente Rackham es uno de los ilustradores que más me gustan, especialmente por los temas que trata, pero también por la delicadeza que muestra en sus acabados.

No es en vano que sea considerado uno de los grandes del siglo pasado, ya que ha inspirado no solo a contemporáneos de su época sino también a autores de generaciones posteriores.

En constante experimentación

Adolfo Serra es un ilustrador muy polifacético, ya que no sólo crea ilustraciones sino que además imparte talleres para niños y adultos. De hecho, lo conocí por uno de sus cursos de Domestika, Introducción a la ilustración infantil, donde explica diferentes recursos de narrativa y composición.

Lo que hace es perfecto para el público más pequeño ya que en sus creaciones se caracteriza por dejarse llevar por el juego y la intuición, usando técnicas que van desde la tinta china hasta el acrílico.

Sin embargo, esa cierta versatilidad tanto en las técnicas como en su lenguaje visual hace que el abanico de su público se amplíe hasta llegar a jóvenes y adultos.

En muchas ocasiones, este ilustrador experimenta con el azar, creando collages a partir de pruebas previas. Por ese motivo, su estilo es fresco y espontáneo. Crea personajes muy llamativos y usa muy bien diferentes recursos retóricos con los que enriquece sus ilustraciones.

Algo que se ve a simple vista en su obra es que una de sus fuentes de inspiración más recurrentes es la naturaleza: tanto el bosque como los animales que lo habitan.

Hasta ahora ha ilustrado más de diez títulos, en algunos de los cuales es autor integral. Su primer libro fue una versión muda muy metafórica de Caperucita Roja, que empezó como proyecto de clase cuando estudiaba en Madrid.

Sin duda os recomiendo pasaros por el Instagram de este artista, ya que todo lo que hace es muy inspirador.

La maestra de los sueños azules

Il·lustració de Gemma Capdevila

En esta segunda entrada damos un giro de 180º pasando de un artista postimpresionista como es Tolouse-Lautrec a una ilustradora contemporánea. Para ello me gustaría contextualizar un poco cómo la conocí antes de presentar lo que hace.

En julio de 2019, en medio de la desesperación por hacer un proyecto final de ciclo en el que me sentía perdida y tenía que presentar en septiembre, me apunté a la desesperada a un taller de una semana sobre álbum ilustrado. Lo impartía la ilustradora Gemma Capdevila, a quien hasta entonces no conocía y con quien tuve un flechazo.

Apuntarme a ese cursillo fue lo mejor que pude hacer en ese momento ya que de ahí, gracias al buen ambiente que había y en parte, a la energía de Gemma, pudo surgir una idea que usé para realizar mi proyecto integrado.

Por si no la conocéis, Gemma es una artista que se ha hecho muy popular en Instagram. Trabaja la acuarela con gran maestría y crea ambientes que son realmente especiales, combinando su técnica principal con, en ocasiones, otras como el lápiz de color.

Usa una paleta de colores en la que predomina el azul y los colores fríos, así como unos personajes que personalmente me desprenden ternura. Asimismo, sus temáticas principales son la naturaleza y según ella misma cuenta, aquellas cosas que no puede ver y dejan un hueco que sólo puede rellenar con la imaginación.

En primavera de 2020 salió Vidas Secretas, su primer álbum ilustrado integral (es decir texto e ilustración) con la colección BaoBab de Planeta, pero anteriormente ya había publicado otras obras como Inevitable, una adaptación de la homónima canción de Oques Grasses editada por la Editorial Nanit.

Recientemente ha sacado un curso de Domestika en el que explica algunos de sus procesos creativos. De momento me ha sido imposible hacer ninguna lección, pero estoy segura de que lo disfrutaré en cuanto tenga la oportunidad de empezarlo.

Te dejo su página web por si quieres conocer lo que hace, te aseguro que merece mucho la pena:

https://gemmacapdevila.com/

Entre la ilustración y la pintura

Inauguramos el blog pisando fuerte ya que muchos conoceréis la recomendación de esta semana, sobre la que quiero hacer una pequeña reflexión.

Es innegable que muchas veces la línea entre Ilustación y Arte es muy fina. Más aún si se trata de pintura. ¿Es que acaso una obra pintada al óleo no puede ser ilustración? ¿O un final hecho en acuarela sobre papel no puede considerarse un cuadro? ¿En qué se diferencia entonces una disciplina de la otra?

Muchos artistas no lo saben o no lo tienen en cuenta, pero en el caso de la ilustración el fin nunca justifica los medios. Vamos a explicar esto.

Respondiendo a la primera pregunta que he planteado: en efecto, un óleo puede ser perfectamente una ilustración y no un cuadro. ¿Y eso por qué? Porque lo que realmente diferencia artistas de ilustradores es que los primeros producen sin pensar en una reproducción en serie de su obra: simplemente crean un ejemplar que será expuesto o comprado una sola vez. Sin embargo, los ilustradores piensan en la reproducción relativamente masiva de sus creaciones en prints, productos, libros o incluso campañas de publicidad. Así pues, una serie de “pinturas” al óleo pensada para un libro infantil puede ser en realidad una secuencia de ilustraciones.

Aclarado este punto, uno de los artistas que más se ha conocido por ser un pintor es Henri de Toulouse-Lautrec. ¿A que cuando piensas en él te viene la definición de pintor posimpresionista? Y sí, tiene una obra muy importante en pintura, en la que expresaba su particular visión del mundo, pero también trabajó en cartelería, una de las salidas profesionales en ilustración.

Y es que la cartelería permite decenas o centenares de reproducciones de una misma imagen y sin duda es una potente salida profesional.

Se puede decir que Toulose-Lautrec es un artista que está entre la pintura y la ilustración, ya que no sólo creaba por la necesidad de expresarse sino que también trabajaba profesionalmente haciendo carteles.

Muchos otros creadores considerados pintores, sobre todo aquellos de antes del siglo XX, son en realidad ilustradores. Un ejemplo de ello, a parte de Lautrec, es el modernista Alphonse Mucha. Esto hace que me replantee cuántos ilustradores actuales son confundidos con pintores y viceversa.

En cualquier caso, una reflexión que deberías hacerte si eres un creador visual es que lo que realmente importa para definirte no son los medios o técnicas con los que realizas tu obra sino más bien el fin con el que va a ser creada (como impulso personal, para una exhibición, para venderla, para reproducirla en productos, para una campaña de marketing digital, etc). Sólo entonces, si estás confundido, podrás decir si eres un ilustrador o pintor completo… O quizás si eres un artista que está entre la ilustración y la pintura, como Tolouse-Lautrec.